El veterinario español Raúl Pérez Caballero explica los riesgos alimentarios y cómo evitarlos

Animal Health • 27 de enero de 2026

El investigador Raúl Pérez aborda algunas de las parasitosis alimentarias más frecuentes que se transmiten a través del consumo de alimentos

“Comer pescado, carne o verduras implica, en algunos casos, convivir con parásitos que forman parte natural de los ciclos biológicos de muchos animales. Si bien, el riesgo no está en lo que comemos, sino en cómo lo preparamos”. Así lo concluye el estudio que desarrolla el investigador y veterinario de la Universidad de León (ULE), Raúl Pérez Caballero, centrado en las principales parasitosis transmitidas a través de los alimentos.

La investigación demuestra que congelar el pescado cuando se va a consumir crudo, cocinar adecuadamente la carne y lavar bien frutas y verduras reduce de forma drástica el riesgo de infección. “No hay que dejar de comer pescado, carne o verduras; lo importante es tratarlos de forma correcta porque con una conservación adecuada y un cocinado correcto, el riesgo se minimiza”, destaca Pérez Caballero.

A partir de esta premisa, el trabajo analiza algunas de las parasitosis alimentarias más frecuentes que se transmiten a través del consumo de alimentos, entre ellas el anisakidosis, la triquinelosis, las infecciones por tenias y la toxoplasmosis, con el objetivo de explicar por qué se producen y cómo se pueden prevenir en el día a día.

“Las personas podemos entrar en contacto con parásitos de muy distintas maneras, y una de ellas es a través del consumo de alimentos. Ese contacto se produce, bien porque el alimento procede de un animal que forma parte natural del ciclo biológico del parásito, o bien por una mala praxis de higiene alimentaria”, explica el profesor de Parasitología.


ANISAKIS Y EL PESCADO CRUDO

Uno de los ejemplos más conocidos es el del anisakis, por su relación con el consumo de pescado crudo o poco cocinado, cada vez más habitual en platos como el sushi, el ceviche o los boquerones en vinagre. El anisakis es un parásito marino que puede encontrarse en pescados y cefalópodos como la merluza, las bacaladillas o los calamares.

En cualquier caso, que un pescado tenga anisakis no significa que sea peligroso. El riesgo aparece cuando el parásito sigue vivo y el pescado se consume crudo o insuficientemente cocinado. En estos casos, la infección puede provocar anisakidosis, con síntomas digestivos como dolor abdominal, náuseas o vómitos, y en algunas personas reacciones alérgicas de diversa intensidad.

De ahí que el investigador de la ULE recuerde que la prevención sea fundamental: “Congelar el pescado antes de consumirlo crudo o cocinarlo correctamente elimina el riesgo”, subraya. En el ámbito doméstico, recuerda, basta con congelar el pescado a –20 ºC durante varios días, una medida que además es obligatoria en bares y restaurantes.

Anisakis en merluza

CARNE POCO HECHA Y SUS RIESGOS

La investigación también analiza parasitosis asociadas al consumo de carne poco hecha, como la triquinelosis, relacionada especialmente con carne de cerdo y de caza como el jabalí. La infección se produce al consumir carne cruda o poco cocinada y puede causar desde molestias digestivas hasta fiebre, dolores musculares o, en casos graves, afectación del corazón y del sistema nervioso.

En este caso, la prevención pasa por cocinar bien la carne para eliminar el parásito, a lo que se suma la importancia de evitar consumir productos sin control veterinario, como embutidos caseros o carne de caza sin analizar. “A simple vista la carne puede parecer normal, por lo que el control sanitario es fundamental”, explica Pérez Caballero, que recuerda que gracias a estas medidas la triquinelosis es hoy poco frecuente en Europa.

En esta línea, el trabajo también pone el foco en las infecciones por tenias, parásitos que pueden transmitirse a través de carne de cerdo o vacuno mal cocinada. El contagio ocurre cuando se consume carne que no ha alcanzado la temperatura adecuada. Los síntomas suelen ser leves y consisten en molestias digestivas, pérdida de apetito o adelgazamiento.

No obstante, el investigador advierte de que algunas especies pueden provocar complicaciones más serias, como la cisticercosis, si se ingieren accidentalmente los huevos del parásito adulto (tenia). En estos casos también, cocinar bien la carne y mantener buenas prácticas de higiene durante la manipulación de los alimentos resulta clave para evitar la infección.


Cisticerco en carne

EL RIESGO INVISIBLE DEL TOXOPLASMA

Por último, la investigación se detiene en la toxoplasmosis, una infección muy extendida que puede transmitirse a través del consumo de carne cruda o poco hecha y de frutas o verduras mal lavadas. En la mayoría de las personas pasa desapercibida, pero puede tener consecuencias graves en personas con el sistema inmunitario debilitado o en mujeres embarazadas, dado que el parásito puede transmitirse al feto y provocar daños en el desarrollo neurológico y visual.

De ahí que el investigador de la ULE insista en extremar la higiene alimentaria. “Las medidas de prevención son igualmente simples. Cocinar bien la carne a más de 70 ºC durante al menos dos minutos, lavar con cuidado frutas y verduras y limpiar los utensilios después de manipular alimentos crudos nos ayudará a evitar la infección”.

En todos los casos, el investigador subraya que no existe el riesgo cero, pero que “con una correcta manipulación de los alimentos el peligro es mínimo, a la par que remarca la importancia de los controles sanitarios y de la legislación vigente en materia de seguridad alimentaria. “En España contamos con un sistema de inspección muy sólido y con profesionales que realizan una labor extraordinaria para garantizar que los alimentos que llegan a nuestra mesa sean seguros”, destaca.

La investigación concluye que informarse y aplicar buenas prácticas en la cocina permite disfrutar de la alimentación con tranquilidad, sin renunciar a determinados productos. “Conocer cómo se transmiten estas parasitosis y cómo se previenen nos ayuda a tomar decisiones más seguras en nuestro día a día”, concluye.


Fuente: https://www.animalshealth.es/profesionales/veterinario-espanol-raul-perez-caballero-explica-riesgos-alimentarios-y-como-evitarlos


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Con la llegada del calor, los paseos por zonas de campo, parques, cunetas o espacios con hierba alta pueden aumentar el contacto de los perros con espigas y semillas de gramíneas. Aunque a simple vista puedan parecer inofensivas, estas estructuras vegetales pueden provocar problemas importantes si se clavan en la piel, se introducen en los oídos, penetran entre los dedos o alcanzan zonas sensibles como los ojos, la nariz o la boca. Recordamos la importancia de revisar a los animales después de los paseos y de contactar con el veterinario de confianza ante cualquier signo de molestia, dolor o comportamiento anormal. ¿Por qué pueden ser peligrosas las espigas? Las espigas presentan una forma alargada y estructuras que facilitan que avancen en una sola dirección. Esto hace que, una vez adheridas al pelo o clavadas en la piel, puedan desplazarse y penetrar en los tejidos. Cuando no se detectan a tiempo, pueden provocar inflamación, dolor, infecciones, abscesos o lesiones más profundas. El riesgo dependerá de la zona afectada, del tiempo que permanezca la espiga en contacto con el animal y de la rapidez con la que se actúe. Zonas que conviene revisar Después de pasear por zonas con hierba alta o vegetación seca, es recomendable revisar especialmente: Patas y espacios entre los dedos. Oídos. Axilas e ingles. Ojos. Nariz. Boca y zona del hocico. Pliegues cutáneos y zonas con pelo denso. Esta revisión no requiere mucho tiempo y puede ayudar a detectar una espiga antes de que cause un problema mayor. Señales de alerta Es importante contactar con el veterinario si el perro presenta alguno de estos signos: Cojera repentina o lamido insistente de una pata. Sacudidas frecuentes de cabeza. Rascado intenso de los oídos. Estornudos repetidos, especialmente si aparecen de forma brusca tras el paseo. Ojo rojo, cerrado, inflamado o con secreción. Babeo excesivo, arcadas o dificultad para tragar. Inflamación, dolor, secreción o heridas en la piel. Cambios de comportamiento asociados a molestia o dolor. Ante estos signos, no conviene esperar a ver si el problema desaparece por sí solo. La atención veterinaria temprana facilita el diagnóstico y reduce el riesgo de complicaciones. Qué hacer si encontramos una espiga Si la espiga está superficialmente adherida al pelo, puede retirarse con cuidado con los dedos o con un peine. Sin embargo, si está clavada, rota, no se ve claramente o afecta al oído, ojo, nariz, boca o una zona dolorosa, no debe intentarse extraer en casa. Manipular una espiga mal localizada puede empujarla más profundamente o agravar la lesión. En estos casos, lo adecuado es acudir al veterinario para valorar la zona y realizar la extracción de forma segura si es necesario. Medidas de prevención Para reducir el riesgo, se recomienda evitar, siempre que sea posible, las zonas con hierba alta o vegetación seca durante los meses de mayor presencia de espigas. También puede ayudar mantener recortado el pelo en zonas de riesgo, especialmente alrededor de las patas, los espacios interdigitales y los oídos, según las características de cada perro. La revisión después del paseo es una medida sencilla y eficaz. Dedicar dos minutos a comprobar patas, orejas, axilas, ingles y zonas sensibles puede evitar molestias importantes y visitas urgentes al centro veterinario. Ante la duda, consulta con tu veterinario Las espigas son un problema frecuente, pero no deben subestimarse. Si tu perro muestra dolor, cojera, sacudidas de cabeza, estornudos persistentes, molestias oculares o cualquier signo compatible, contacta con tu veterinario de confianza. La prevención comienza en casa, pero el diagnóstico y el tratamiento deben estar siempre en manos de profesionales veterinarios. Fuente: https://axoncomunicacion.net/las-espigas-en-perros-un-riesgo-frecuente/?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_term=Fri+26+Jun+2026&utm_campaign=Cambios+ecogr%C3%A1ficos+a+largo+plazo+de+la+gl%C3%A1ndula+prost%C3%A1tica+canina+tras+la+castraci%C3%B3n
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