¿Qué dice la ciencia sobre las ventajas de los piensos sin cereales para la salud de las mascotas?

Diario Veterinario • 6 de febrero de 2026

El artículo pretende ofrecer una base científica para que cuidadores de mascotas, veterinarios, investigadores y otros profesionales del sector puedan comprender los alimentos sin cereales

Los alimentos comerciales para mascotas se introdujeron como alternativas convenientes y nutricionalmente equilibradas a las dietas caseras a principios del siglo XX. En las últimas décadas, la población de animales de compañía ha aumentado y hay 370 millones de gatos y 470 millones de perros como mascotas en todo el mundo. Según una encuesta mundial sobre mascotas realizada en 2024, el 63 % de los encuestados declaró tener mascotas, y el 86 % de estos cuidadores tenía perros y el 58 % tenía gatos. Además, el mercado de alimentos para mascotas ha seguido creciendo de forma constante. En Europa, el último informe anual de FEDIAF indica que los alimentos para mascotas constituyen el 44,2 % del valor total de la industria

 

Con el tiempo, ha habido un cambio de paradigma en la percepción y el tratamiento de las mascotas, y muchos cuidadores de mascotas ahora consideran a sus animales como miembros integrales de sus familias. En consecuencia, existe una creciente demanda de dietas de calidad superior y más naturales para mascotas. A medida que la industria de alimentos para mascotas se expandió, se han incluido en los alimentos para mascotas varios ingredientes funcionales con efectos específicos en la salud para mejorar el sabor, la textura y los perfiles nutricionales. Simultáneamente, estos ingredientes aumentan la comercialización del producto y atraen un mayor interés de los cuidadores. 

 

Las dietas sin granos o sin cereales para mascotas han ganado cada vez más atención en los últimos años debido a la percepción de que los granos incluidos en los alimentos pueden conferir posibles efectos adversos a perros y gatos. Los granos y los ingredientes relacionados con los granos se utilizan comúnmente como fuentes rentables de energía y nutrientes en alimentos para animales, incluidos cerdos, pájaros, gatos, perros y otros animales. En respuesta a la demanda de los consumidores de ingredientes naturales y de primera calidad, los fabricantes de alimentos para mascotas comenzaron a comercializar dietas sin granos como una opción más saludable y natural, y algunos cuidadores de mascotas creían que los granos, particularmente aquellos que contienen gluten como el trigo, eran alérgenos potenciales para las mascotas. 

 

Explorando las posibles ventajas de los piensos sin cereales en mascotas

 

Las dietas sin granos se comercializaron como una solución para abordar posibles sensibilidades y alergias alimentarias. Con base en la definición de dieta sin granos, el trigo, la cebada, el arroz, el maíz, el sorgo, la espelta, el bulgur, el farro, el mijo, la avena, el centeno, la malta, la levadura de cerveza, el almidón de trigo, el triticale (un híbrido de trigo/centeno) y otros granos, así como los componentes derivados de los granos, no pueden incluirse en las dietas sin granos. 

 

El gluten es un compuesto de gliadina (una prolamina) y glutenina. Entre estos, la gliadina es la principal proteína del gluten responsable de desencadenar la intolerancia al gluten. Las dietas libres de gluten están formuladas para excluir el trigo, el centeno, la cebada y sus híbridos o para eliminar el gluten mediante técnicas de procesamiento específicas.

 

Con el objetivo de explorar la literatura científica sobre el impacto de las dietas sin cereales para perros y gatos, una revisión realizada en China se ha centrado en los efectos nutricionales y las consideraciones de salud. “El artículo pretende ofrecer una base científica para que cuidadores de mascotas, veterinarios, investigadores y otros profesionales del sector puedan comprender los alimentos sin cereales, facilitando así la toma de decisiones más precisas y eficientes sobre la alimentación de las mascotas”.

 

Ingredientes como un indicador de la calidad nutricional

 

Los autores comienzan explicando que, en la última década, las dietas sin cereales han atraído mucha atención. Sin embargo, es importante tener en cuenta que esta no es necesariamente una forma válida de seleccionar alimentos para mascotas. El perfil nutricional, en lugar del ingrediente, debe ser el enfoque principal. En este sentido, los consumidores tienden a usar los ingredientes como un indicador de la calidad nutricional, y si perciben ciertos ingredientes como saludables, es más probable que los elijan para sus mascotas. “Es importante destacar que los granos, que son un ingrediente vegetal predominante en los alimentos secos para mascotas y proporcionan una fuente rentable de energía, proporcionan nutrientes esenciales y fibra, que son fundamentales para el crecimiento y la salud animal”.

 

Sin embargo, la creciente demanda de los consumidores por dietas sin granos ha llevado al reemplazo de ingredientes de granos tradicionalmente utilizados y generalmente bien tolerados. Este cambio puede representar riesgos no deseados para la salud de las mascotas. 

 

En este punto, los autores han revisado las implicaciones de las dietas sin cereales en la salud y el bienestar de las mascotas. Así, han destacado varios hallazgos clave, como que las dietas sin granos con alto contenido de proteína pueden elevar los niveles fecales de amoníaco e indol, lo que implica riesgos potenciales asociados con la fermentación de proteínas.

 

Por otro lado, han comentado que las dietas que contienen sorgo, lentejas o guisantes muestran mayores ventajas para retrasar y prolongar las respuestas de glucosa en sangre e insulina en comparación con las dietas con maíz, arroz cervecero o harina de yuca.

 

Posibles ventajas y riesgos 

 

Entre las ventajas destacadas en la investigación, incluyen la eliminación efectiva de alérgenos para mascotas con sensibilidad a los cereales o al gluten, la posible reducción de la exposición a micotoxinas al eliminar los ingredientes derivados de los cereales, un mejor control de la glucemia mediante formulaciones ricas en legumbres o tubérculos, y una mayor palatabilidad gracias a la incorporación de fuentes alternativas de carbohidratos. Sin embargo, consideran que es fundamental destacar que las dietas sin cereales, en particular las ricas en legumbres, se han relacionado con la miocardiopatía dilatada canina.

 

Además, algunos alimentos sin cereales pueden suponer una mayor carga metabólica debido a su elevado contenido de proteínas o grasas. Si bien existen diferencias de composición entre las dietas sin cereales y las que sí los contienen, la mayoría de los productos de ambas categorías cumplen con los requisitos fundamentales de equilibrio nutricional. 

 

Asimismo, exponen que ninguno de los dos tipos garantiza una reducción significativa del riesgo de alergias. “La evidencia actual subraya que las dietas sin cereales no son universalmente superiores ni inalterablemente perjudiciales”. Su idoneidad depende de factores individuales, como las alergias confirmadas y las necesidades específicas de cada especie. Al seleccionar alimentos para mascotas, “se debe priorizar una dieta nutricionalmente equilibrada que se ajuste a las necesidades fisiológicas de las mascotas, en lugar de dejarse llevar por las tendencias del mercado”. En definitiva, concluyen que la capacidad de una dieta para cumplir con los estándares nutricionales integrales, ya sea sin cereales o con cereales, sigue siendo la piedra angular de la salud de los animales de compañía.


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A medida que la presencia humana expulsa a los animales de sus hábitats, los mosquitos que antes se alimentaban de una amplia variedad de huéspedes podrían estar encontrando nuevos objetivos humanos para saciar su sed de sangre, según un nuevo estudio de Fronteras en Ecología y Evolución . “Aquí demostramos que las especies de mosquitos que capturamos en los remanentes del Bosque Atlántico tienen una clara preferencia por alimentarse de humanos”, dijo el autor principal, el Dr. Jeronimo Alencar, biólogo del Instituto Oswaldo Cruz en Río de Janeiro. “Esto es crucial porque, en un entorno como el Bosque Atlántico, con una gran diversidad de posibles huéspedes vertebrados, la preferencia por los humanos aumenta significativamente el riesgo de transmisión de patógenos”, añadió el coautor, el Dr. Sergio Machado, investigador que estudia microbiología e inmunología en la Universidad Federal de Río de Janeiro. Los humanos lo prefieren Para su estudio, los investigadores utilizaron trampas de luz para capturar mosquitos en la Reserva Natural del Sítio Recanto y la Reserva Ecológica del Río Guapiacu, dos reservas naturales en el estado de Río de Janeiro. En el laboratorio, separaron mosquitos hembras ingurgitadas para su análisis. Los investigadores extrajeron ADN de la sangre y, mediante secuenciación de ADN, analizaron un gen específico que funciona como un "código de barras" único para cada especie de vertebrado. Al comparar los códigos de barras encontrados en la sangre con una base de datos, los investigadores pudieron determinar de qué animal se había alimentado el mosquito. Reserva Ecológica do Guapiaçu (REGUA), Cachoeiras de Macacu, Río de Janeiro. Crédito: Cecilia Ferreira de Mello. De un total de 1714 mosquitos capturados, pertenecientes a 52 especies, 145 hembras estaban ingurgitadas de sangre. Se pudo identificar la sangre consumida por 24 de estos mosquitos, la cual provenía de 18 humanos, un anfibio, seis aves, un cánido y un ratón. Algunas ingestiones de sangre provenían de múltiples fuentes: la ingestión de sangre de un mosquito identificado como Cq. Venezuelensis se componía de sangre de anfibio y humana. Los mosquitos pertenecientes a la especie Cq. Fasciolata se habían alimentado tanto de un roedor como de un ave, así como de un ave y un humano, respectivamente. Los investigadores plantearon la hipótesis de que múltiples factores podrían influir en su preferencia por nuestra sangre. «El comportamiento de los mosquitos es complejo», afirmó Alencar. «Aunque algunas especies de mosquitos pueden tener preferencias innatas, la disponibilidad y la proximidad del huésped son factores sumamente influyentes». Leer y descargar el artículo original  La enfermedad se propaga A medida que la Mata Atlántica disminuye debido a la deforestación y la invasión de zonas anteriormente boscosas por parte de los humanos, desaparecen muchas plantas y animales. Como resultado, los mosquitos cambian sus hábitos y hábitats y se acercan a los humanos. "Con menos opciones naturales disponibles, los mosquitos se ven obligados a buscar nuevas fuentes de sangre alternativas. Terminan alimentándose más de humanos por conveniencia, ya que somos el huésped más frecuente en estas zonas", explicó Machado. Las picaduras son más que una simple picazón. En las regiones de estudio, los mosquitos transmiten diversos virus, como la fiebre amarilla, el dengue, el zika, el mayaro, el sabiá y el chikunguña, que causan enfermedades que amenazan gravemente la salud humana y pueden tener consecuencias adversas a largo plazo. Investigar el comportamiento de alimentación de los mosquitos es fundamental para comprender la dinámica ecológica y epidemiológica de los patógenos que transmiten, afirmaron los investigadores. Sítio Recanto Preservar, Silva Jardim, Río de Janeiro. Crédito: Cecilia Ferreira de Mello. La tasa relativamente baja de mosquitos ingurgitados (poco menos del 7 %), así como el bajo porcentaje de casos en los que se pudo identificar la ingesta de sangre (alrededor del 38 %), resaltan la necesidad de realizar estudios con mayor base de datos. Estos estudios también deberían utilizar métodos más adecuados para identificar la ingesta de sangre mixta y así determinar todas las fuentes de alimento. 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La seguridad alimentaria es, en esencia, la garantía de que los alimentos que llegan a nuestras mesas son inocuos, nutritivos y accesibles. Sin embargo, en los últimos años hemos visto cómo la interdependencia entre la salud animal, los sistemas de producción alimentaria y el bienestar humano se ha hecho cada vez más evidente. Este vínculo complejo se ha puesto de manifiesto tanto en debates científicos como en acontecimientos concretos: desde brotes de enfermedades animales hasta la necesidad de reforzar los sistemas de vigilancia sanitaria en toda la cadena alimentaria. En 2026, estas cuestiones no sólo siguen sobre la mesa, sino que se han convertido en parte de una agenda global para garantizar la seguridad alimentaria de forma sostenible y resistente a futuras crisis. La salud animal es un pilar fundamental de la seguridad alimentaria. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha subrayado que mejorar la salud de los animales, incluyendo la prevención de infecciones y el control de residuos de medicamentos veterinarios, es esencial para garantizar que los productos de origen animal sean seguros para el consumo humano. Desde la granja hasta la mesa, cualquier fallo en este proceso puede tener consecuencias directas para los consumidores, no sólo en términos de salud, sino también respecto a la disponibilidad y la confianza en los alimentos. Un ejemplo claro de estas interconexiones es la respuesta global ante brotes de enfermedades animales que, aunque no afecten directamente a los humanos, sí pueden tener impactos económicos y sociales muy graves. En España, la aparición de focos de peste porcina africana en fauna silvestre ha obligado a activar protocolos estrictos de bioseguridad que no solamente buscan contener la enfermedad, sino también proteger la reputación sanitaria del sector porcino y evitar la interrupción de mercados de exportación. Aunque la peste porcina africana no representa un riesgo directo para la salud humana, su presencia puede provocar restricciones comerciales, pérdidas económicas considerables y, en última instancia, una menor disponibilidad de alimentos cárnicos en los sistemas productivos. Este tipo de eventos no son aislados. Las autoridades europeas y nacionales han adoptado el enfoque “Una sola salud”, One Health , la vigilancia epidemiológica, la investigación conjunta entre sectores y la formación de profesionales con una visión transversal se consideran estrategias clave para anticipar y responder a las amenazas sanitarias emergentes que puedan comprometer la seguridad alimentaria. Para los consumidores, esto se traduce en una mayor protección, pero también en desafíos adicionales. Por ejemplo, la detección de bacterias como salmonella o Listeria monocytogenes en productos de origen animal puede llevar a retiradas masivas del mercado y generar alarmas que afectan la confianza pública en los alimentos disponibles. En los últimos meses, alertas por presencia de salmonella en productos cárnicos han sido motivo de retirada de lotes completos hasta que se comprueba su inocuidad. Esto pone de relieve no sólo la importancia de sistemas robustos de control sanitario, sino también de una comunicación transparente y efectiva hacia los consumidores. En España, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) trabaja de forma constante para coordinar estas actividades y reforzar los mecanismos de respuesta ante cualquier desafío alimentario. La complejidad de estos sistemas exige una colaboración estrecha entre veterinarios, autoridades sanitarias, productores y demás actores de la cadena alimentaria; todos ellos tienen un papel en la prevención de riesgos y en la respuesta rápida ante cualquier amenaza. La salud animal también influye en el mercado y en las decisiones de los consumidores. Hoy en día, muchos consumidores están cada vez más conscientes y preocupados por el bienestar de los animales y por cómo este puede influir en la calidad de los alimentos que adquieren. Esto se ve reflejado en estudios que muestran que los productos asociados a estándares más altos de bienestar animal a menudo gozan de preferencia y pueden incluso alcanzar primas de precio en el mercado. Este fenómeno plantea una brecha interesante entre lo que los consumidores desean y lo que los sistemas de producción tradicionales pueden ofrecer, reforzando debates sobre sostenibilidad, ética y seguridad alimentaria. Sin embargo, esta interconexión no está exenta de tensiones. Un ejemplo sutil, pero ilustrativo es la crítica al sistema Nutri-Score desde la perspectiva de la seguridad alimentaria. Aunque Nutri-Score se diseñó para ofrecer a los consumidores una guía rápida sobre la calidad nutricional de los alimentos, algunos expertos argumentan que puede no reflejar adecuadamente la complejidad de la realidad alimentaria y, en algunos casos, desincentivar productos tradicionalmente sanos o esenciales en dietas equilibradas. En un contexto donde la seguridad alimentaria ya está bajo presión por factores como enfermedades animales o crisis en la producción, este tipo de etiquetas añaden confusión o prioridades contrapuestas en las decisiones de compra de los consumidores, especialmente cuando se percibe que penaliza ciertos alimentos que, desde la perspectiva de sistemas alimentarios sostenibles, son seguros y nutritivos. La seguridad alimentaria también depende de comunicar de forma precisa y contextualizada, sin simplificaciones que puedan distorsionar decisiones que tienen implicaciones en la salud pública general. Tomando perspectiva, es claro que los riesgos vinculados a la salud animal se traducen directamente en desafíos para la seguridad alimentaria. Un brote animal no solo puede implicar sacrificios masivos, restricciones comerciales o pérdidas económicas, también puede disminuir la disponibilidad de determinado alimento y aumentar la vulnerabilidad de los consumidores ante la escasez o la subida de precios. Por ello, la prevención y el control de enfermedades animales deben ser prioridades políticas y sociales. Finalmente, es importante recordar que garantizar la seguridad alimentaria no es un proceso estático: demanda adaptación continua a nuevas amenazas, inversión en investigación y tecnología, y un compromiso colectivo con prácticas responsables en toda la cadena alimentaria. Desde la producción primaria hasta el consumidor final, cada eslabón es indispensable para asegurar que los alimentos que llegan a la mesa no solo sean nutritivos, sino también seguros y producidos de forma ética.  En definitiva, la seguridad alimentaria es mucho más que controles finales en productos empaquetados; es la suma de una cadena compleja de prácticas, políticas y valores que empiezan por garantizar la salud y el bienestar de los animales que forman parte de nuestro sistema alimentario.
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