Cambian las reglas: la Ley de Bienestar Animal deja claro los lugares donde está prohibido soltar a tu perro (y muchos no lo saben)

Malaga Hoy • 22 de abril de 2026

Las multas arrancan en 500 euros y pueden llegar hasta los 200.000 euros

Aflojar la correa un momento para que el perro corra, explore y se desahogue es uno de los gestos más habituales entre los propietarios de mascotas cuando salen a pasear. En muchos parques y zonas verdes se ha convertido casi en una costumbre normalizada. Sin embargo, la Ley 7/2023 de Bienestar Animal establece con claridad en qué espacios públicos está prohibido soltar a un perro y cuáles son las consecuencias económicas de no respetar esa norma. Las multas arrancan en 500 euros y pueden llegar hasta los 200.000 euros en los casos más graves, una horquilla que conviene conocer antes del próximo paseo.


Qué prohíbe exactamente la Ley de Bienestar Animal

La Ley 7/2023 es una norma estatal de carácter básico que se aplica en todo el territorio español y que establece un marco jurídico común para garantizar la protección y el bienestar de los animales de compañía y de los animales silvestres en cautividad. En lo que respecta a los paseos y a la presencia de perros en espacios públicos, el texto legal incluye una prohibición expresa que muchos propietarios desconocen en toda su extensión.

La norma prohíbe dejar animales sueltos o en condiciones que puedan causar daños en lugares públicos o de acceso público. Esta prohibición tiene un alcance general, pero la ley señala de forma específica los entornos donde la restricción es más estricta: los parques nacionales, las cañadas por las que transitan o pastan rebaños y otros espacios naturales protegidos. En todos estos entornos, la presencia de un perro sin control puede suponer un riesgo directo para las personas, el ganado y el medio natural.

Junto a esta prohibición principal, la ley también recoge la obligación de adoptar medidas activas para evitar molestias, peligros o daños a personas, a otros animales o a las cosas. Esto implica que no basta con que el perro no haya causado ningún incidente concreto: la norma exige una actitud preventiva por parte del propietario en todo momento.


Los espacios donde no se puede soltar al perro

La Ley de Bienestar Animal identifica varios tipos de lugares en los que la suelta de perros está expresamente prohibida o restringida. Conocer esta lista es fundamental para cualquier propietario que salga a pasear regularmente con su mascota.

En primer lugar, los parques nacionales y espacios naturales protegidos constituyen una de las categorías donde la norma es más restrictiva. En estos entornos, un perro suelto puede perseguir fauna silvestre, alterar el comportamiento de especies sensibles, estresar a animales en época de cría o transmitir enfermedades. La ley vincula expresamente esta conducta con posibles daños al medio natural, con independencia de que el animal cause o no un perjuicio visible de forma inmediata.

En segundo lugar, las cañadas y zonas de tránsito o pastoreo de ganado están incluidas de forma explícita en la norma. La presencia de un perro sin correa en estas áreas puede asustar o atacar a los rebaños, con consecuencias tanto para los animales como para los propietarios del ganado y el propio perro.

En tercer lugar, la ley prohíbe que los perros entren en las zonas de juegos infantiles, lo que abarca parques con columpios, toboganes y otras instalaciones destinadas a los menores. Tampoco pueden penetrar en fuentes ni estanques, ni pisar el césped ornamental ni las plantaciones de flores y plantas ornamentales en espacios públicos.

Por último, la norma establece que ningún animal de compañía puede estar deambulando por espacios públicos sin supervisión presencial de su responsable. Esto supone que no es válido que el perro circule libremente mientras el dueño se queda atrás o se distrae, aunque el animal esté entrenado y tenga buen comportamiento habitual.


El papel fundamental de los ayuntamientos

La Ley de Bienestar Animal atribuye a los municipios una función clave en la regulación práctica de la presencia de perros en los espacios públicos. La norma señala expresamente que los ayuntamientos deben determinar en todo caso los lugares específicamente habilitados para el esparcimiento de los animales de compañía, con especial atención a los perros.

Estos espacios habilitados son los que se conocen habitualmente como parques caninos valladoszonas de pipicán o áreas acotadas con señalización específica. Es en estos entornos donde resulta más adecuado plantear la suelta de la correa, siempre con supervisión directa del propietario y siempre que el animal responda a las llamadas y no genere situaciones de riesgo para otros usuarios del espacio.

La propia ley permite además que las ordenanzas municipales introduzcan especificaciones o graduaciones en el cuadro de infracciones y sanciones, lo que explica por qué la normativa puede variar de un municipio a otro. En algunas ciudades, ir con el perro suelto sin causar riesgo en una zona no habilitada puede conllevar una sanción de en torno a 100 euros. Si se genera peligro o el animal accede a una zona de juegos infantiles, la cuantía puede aumentar de forma significativa. Por ello, conviene revisar la señalización del entorno y consultar la ordenanza municipal vigente antes de soltar la correa.


Las obligaciones del propietario más allá de la correa

La norma no se limita a establecer dónde no puede ir el perro suelto, sino que también impone obligaciones activas a los propietarios en cualquier tipo de espacio público. Entre las más relevantes se encuentran las siguientes.

Es obligatorio retirar las deyecciones del perro y depositarlas en los lugares indicados para ello. Los orines en lugares de paso habitual también deben limpiarse con productos biodegradables. Los perros considerados potencialmente peligrosos deben llevar bozal en todo momento en espacios públicos y, en zonas no cerradas, no pueden ir sueltos bajo ninguna circunstancia.

En todos los casos, el propietario del animal es el responsable directo de los daños, perjuicios o molestias que el perro pueda causar a otras personas, a otros animales, a los espacios públicos y al medio natural. Esta responsabilidad no depende de que el propietario estuviera presente en el momento del incidente: es una obligación inherente a la tenencia del animal.


Las sanciones económicas por incumplir la normativa

El régimen sancionador que establece la Ley 7/2023 diferencia tres niveles de infracción con consecuencias económicas muy distintas entre sí.

Las infracciones leves, que incluyen el incumplimiento de prohibiciones u obligaciones sin que se produzcan daños físicos ni alteraciones del comportamiento del animal, se sancionan con multas de entre 500 y 10.000 euros. Las infracciones graves, que implican daño o sufrimiento al animal sin llegar a causar la muerte o secuelas permanentes, conllevan sanciones de entre 10.001 y 50.000 euros. Y las infracciones muy graves, las de mayor impacto sobre el bienestar animal o el entorno, se castigan con multas de entre 50.001 y 200.000 euros.

La potestad sancionadora corresponde tanto a los órganos de las comunidades autónomas como a los ayuntamientos, en función de dónde se produzca la infracción. En el caso de los espacios públicos municipales, son los propios consistorios los que pueden imponer las sanciones correspondientes conforme a su ordenanza local y al marco que establece la ley estatal.


Fuente: https://www.malagahoy.es/malaga/reglas-ley-bienestar-animal-lugares-prohibido-soltar-perro_0_2006551867.html?utm_campaign=boletin-informativo-22-abril-2026&utm_medium=email&utm_source=mail-marketing


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Cada vez es más habitual ver animales de compañía que llevan prendas de ropa hechas a medida, que son paseados en cochecitos o a los que sus dueños hablan como si fueran bebés de pocos años. ¿Se está humanizando demasiado a los perros y gatos domésticos ? ¿Qué peligros puede conllevar esto? Los educadores caninos del centro de Manresa Dog Educat, Raül Aranda y Júlia Autonell, lo tienen muy claro: "Depende de lo que consideremos humanizar, pero cuando atribuimos cualidades humana s al animal es cuando empiezan los problemas". "Poner ropa a las mascotas no les supone ningún perjuicio, pero muy distinto es el caso cuando se les permite adoptar conductas inaceptables ", explica el profesional. Partiendo de la base de que los perros y los gatos son animales sociables que establecen vínculos muy estrechos con sus dueños, y también a la inversa, Aranda explica que es importante saber establecer límites, aprender la forma de educarlos y, sobre todo, no atribuirles cualidades humanas , "ya que no lo son", señala. Si no se hace, "no podrán adaptarse a la sociedad en la que tienen que vivir", añade. Una de las situaciones más complicadas que puede darse en los hogares donde conviven animales de compañía y bebés es el sentimiento de competencia o de celos, según explica el educador canino. "Si un perro está acostumbrado a dormir en el sofá y, de repente, a partir del nacimiento del bebé, se le cambia esa rutina, el animal relacionará ese hecho con la llegada del niño", y es en ese momento cuando pueden surgir problemas de convivencia. Por ello, el experto aconseja trabajar previamente estas conductas para evitar riesgos que podrían aparecer más adelante. Otro caso es cuando se pasea a las mascotas en cochecito , como si fueran un bebé de pocos meses. El experto lo considera más que razonable en los casos en que el animal tiene alguna lesión o dificultades para caminar. Ahora bien, añade que cuando se hace por sobreprotegerlo, esto puede acabar desembocando en problemas de comportamiento , como que el perro no acepte que se le acerquen personas u otros perros. Ni demasiado autoritaria ni demasiado liberal Al igual que en la crianza de los niños, en el ámbito de los animales de compañía también existen tres estilos de crianza: el autoritario, muy basado en la imposición y el castigo; e l liberal, que se encuentra en el extremo opuesto y se basa en la permisividad y en dar libertad para que el animal o el bebé hagan lo que quieran; y el democrático, un punto intermedio, que establece que hay conductas que pueden permitirse y otras que no. "Por desgracia, tanto con los animales como con los bebés se tiende a ir a los extremos, pero la mejor opción es educar en positivo y sabiendo poner límites", concluye. Educar al animal de una forma que pueda entender Raül Aranda, que también tiene estudios en Psicología , señala que lo más complicado a la hora de educar a los animales domésticos es aprender a hacerles entender exactamente lo que les estamos pidiendo . Lo explica con un ejemplo: "Muchos perros suelen perseguir a los ciclistas que encuentran en carreteras o caminos y la forma en que sus dueños intentan detenerlos es llamándolos y ofreciéndoles un premio. Entonces, el animal entiende que se le recompensa por haber perseguido al ciclista, justo lo contrario de lo que se pretende transmitir" , explica. Lo más efectivo en este tipo de casos es iniciar un proceso de habituación, es decir, "acostumbrar al animal a ver circular ciclistas, en este caso, para evitar que le resulte algo incómodo o que despierte su curiosidad", explica. Así, mediante determinadas dinámicas, se va enseñando al perro en qué contextos puede reproducir esa conducta y en cuáles no , ya que puede suponer un peligro. Queda claro que educar animales no es una tarea fácil, y menos aún si no se tiene formación al respecto. Por este motivo, Aranda subraya la importancia de los educadores caninos: "Nosotros nos dedicamos precisamente a eso, a enseñar a los dueños a comunicarse de la forma más efectiva con sus animales", concluye. Fuente: https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20260711/raul-aranda-julia-autonell-educadores-caninos-problemas-cualidads-humanas-animales-dv-et-132209469?utm_campaign=boletin-informativo-13-julio-2026&utm_medium=email&utm_source=mail-marketing
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Con la llegada del calor, los paseos por zonas de campo, parques, cunetas o espacios con hierba alta pueden aumentar el contacto de los perros con espigas y semillas de gramíneas. Aunque a simple vista puedan parecer inofensivas, estas estructuras vegetales pueden provocar problemas importantes si se clavan en la piel, se introducen en los oídos, penetran entre los dedos o alcanzan zonas sensibles como los ojos, la nariz o la boca. Recordamos la importancia de revisar a los animales después de los paseos y de contactar con el veterinario de confianza ante cualquier signo de molestia, dolor o comportamiento anormal. ¿Por qué pueden ser peligrosas las espigas? Las espigas presentan una forma alargada y estructuras que facilitan que avancen en una sola dirección. Esto hace que, una vez adheridas al pelo o clavadas en la piel, puedan desplazarse y penetrar en los tejidos. Cuando no se detectan a tiempo, pueden provocar inflamación, dolor, infecciones, abscesos o lesiones más profundas. El riesgo dependerá de la zona afectada, del tiempo que permanezca la espiga en contacto con el animal y de la rapidez con la que se actúe. Zonas que conviene revisar Después de pasear por zonas con hierba alta o vegetación seca, es recomendable revisar especialmente: Patas y espacios entre los dedos. Oídos. Axilas e ingles. Ojos. Nariz. Boca y zona del hocico. Pliegues cutáneos y zonas con pelo denso. Esta revisión no requiere mucho tiempo y puede ayudar a detectar una espiga antes de que cause un problema mayor. Señales de alerta Es importante contactar con el veterinario si el perro presenta alguno de estos signos: Cojera repentina o lamido insistente de una pata. Sacudidas frecuentes de cabeza. Rascado intenso de los oídos. Estornudos repetidos, especialmente si aparecen de forma brusca tras el paseo. Ojo rojo, cerrado, inflamado o con secreción. Babeo excesivo, arcadas o dificultad para tragar. Inflamación, dolor, secreción o heridas en la piel. Cambios de comportamiento asociados a molestia o dolor. Ante estos signos, no conviene esperar a ver si el problema desaparece por sí solo. La atención veterinaria temprana facilita el diagnóstico y reduce el riesgo de complicaciones. Qué hacer si encontramos una espiga Si la espiga está superficialmente adherida al pelo, puede retirarse con cuidado con los dedos o con un peine. Sin embargo, si está clavada, rota, no se ve claramente o afecta al oído, ojo, nariz, boca o una zona dolorosa, no debe intentarse extraer en casa. Manipular una espiga mal localizada puede empujarla más profundamente o agravar la lesión. En estos casos, lo adecuado es acudir al veterinario para valorar la zona y realizar la extracción de forma segura si es necesario. Medidas de prevención Para reducir el riesgo, se recomienda evitar, siempre que sea posible, las zonas con hierba alta o vegetación seca durante los meses de mayor presencia de espigas. También puede ayudar mantener recortado el pelo en zonas de riesgo, especialmente alrededor de las patas, los espacios interdigitales y los oídos, según las características de cada perro. La revisión después del paseo es una medida sencilla y eficaz. Dedicar dos minutos a comprobar patas, orejas, axilas, ingles y zonas sensibles puede evitar molestias importantes y visitas urgentes al centro veterinario. Ante la duda, consulta con tu veterinario Las espigas son un problema frecuente, pero no deben subestimarse. Si tu perro muestra dolor, cojera, sacudidas de cabeza, estornudos persistentes, molestias oculares o cualquier signo compatible, contacta con tu veterinario de confianza. La prevención comienza en casa, pero el diagnóstico y el tratamiento deben estar siempre en manos de profesionales veterinarios. Fuente: https://axoncomunicacion.net/las-espigas-en-perros-un-riesgo-frecuente/?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_term=Fri+26+Jun+2026&utm_campaign=Cambios+ecogr%C3%A1ficos+a+largo+plazo+de+la+gl%C3%A1ndula+prost%C3%A1tica+canina+tras+la+castraci%C3%B3n
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