El transportín, el viaje y la clínica: consejos para que los gatitos vivan la revisión veterinaria sin miedo

IM Veterinaria • 20 de noviembre de 2025

Llevar al gato al veterinario puede generar estrés, pero preparar las primeras visitas con paciencia y habituación marca la diferencia. Royal Canin comparte pautas para reducir la ansiedad felina, desde familiarizar el transportín hasta crear una experiencia tranquila en la clínica y en el regreso a casa, favoreciendo así una vida larga y con bienestar.

La visita al veterinario al menos una vez al año es clave para ofrecer cuidados preventivos y contribuir a que el animal tenga una vida larga con mucho bienestar. Pero es cierto que los gatos pueden estresarse cuando los llevamos, ¿cómo podemos evitarlo? La clave es conseguir que las primeras visitas resulten un momento agradable y sin estrés.


En palabras de Gemma Baciero, veterinaria de Royal Canin: "Establecer una relación positiva con la clínica veterinaria desde una edad temprana es crucial. Estas visitas iniciales no solo sirven para realizar chequeos de salud, administrar las primeras vacunas y pautar la desparasitación, sino también para acostumbrar al gatito a ser manipulado y a socializar en un entorno desconocido, sentando las bases para futuras revisiones libres de cualquier tipo de estrés para el animal".


El transportín es un refugio seguro, no un enemigo

El desafío suele comenzar en casa, con el transportín. Muchos gatos lo asocian exclusivamente con el estrés del viaje y la visita al veterinario. Para evitar esta asociación negativa, se recomienda convertir el transportín en un elemento familiar y seguro en el día a día del felino.

"Dejar el transportín abierto en una zona de la casa donde el gatito pase tiempo, con una manta cómoda, algún objeto suyo e incluso algún premio en su interior, así como el uso de feromonas es una buena forma de transformar la percepción del animal", aconseja Baciero. "El objetivo es que lo vea como un refugio y un lugar de descanso, no como un presagio de algo desagradable". Realizar este proceso de habituación días antes de la primera visita puede marcar una gran diferencia.


 El desplazamiento y la clínica

Una vez que la mascota acepta el transportín, el viaje y la estancia en la clínica son los siguientes pasos. Para minimizar la ansiedad y proporcionarle seguridad, una opción es colocar una mantita con su propio olor dentro del transportín. Además, en el coche, es imprescindible conducir de forma suave para evitar que se altere con giros o frenazos repentinos. Cubrir el trasportín con una toalla también resulta muy útil, para evitar así que el gatito se estrese con los estímulos exteriores.

Al llegar a la clínica, lo ideal sería esperar en una zona especial para felinos, colocando el transportín en un sitio tranquilo, alejado de otros animales y elevado del suelo para fomentar la sensación de seguridad. Además, es importante informar al equipo veterinario si el cuidador detecta que su mascota está especialmente nerviosa. Los profesionales podrán aplicar técnicas específicas para manejar a los felinos con delicadeza y reducir su estrés durante la exploración.

La primera consulta es la oportunidad perfecta para que el cuidador resuelva todas sus dudas sobre alimentación, comportamiento y cuidados preventivos. Preparar estas visitas con antelación y paciencia no solo beneficia la salud inmediata desde un primer momento, sino que fomenta una actitud colaborativa que facilitará el cuidado del bienestar a lo largo de toda la vida del gato.


El regreso a casa

Una vez en casa, es mejor dejar el trasportín abierto en un lugar tranquilo, dejando que sea el gatito decida cuándo salir. Además, si hay otros animales en casa, quizás convenga dejarlo un rato tranquilo en una habitación separada. En cualquier caso, será muy importante respetar sus tiempos.


Fuente: https://www.imveterinaria.es/noticia/13402/el-transportin-el-viaje-y-la-clinica-consejos-para-que-los-gatitos.html&utm_campaign=News_2025-11-19&utm_source=Redireccion_news_2025-11-20&utm_medium=IMV_news


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Con la llegada del calor, los paseos por zonas de campo, parques, cunetas o espacios con hierba alta pueden aumentar el contacto de los perros con espigas y semillas de gramíneas. Aunque a simple vista puedan parecer inofensivas, estas estructuras vegetales pueden provocar problemas importantes si se clavan en la piel, se introducen en los oídos, penetran entre los dedos o alcanzan zonas sensibles como los ojos, la nariz o la boca. Recordamos la importancia de revisar a los animales después de los paseos y de contactar con el veterinario de confianza ante cualquier signo de molestia, dolor o comportamiento anormal. ¿Por qué pueden ser peligrosas las espigas? Las espigas presentan una forma alargada y estructuras que facilitan que avancen en una sola dirección. Esto hace que, una vez adheridas al pelo o clavadas en la piel, puedan desplazarse y penetrar en los tejidos. Cuando no se detectan a tiempo, pueden provocar inflamación, dolor, infecciones, abscesos o lesiones más profundas. El riesgo dependerá de la zona afectada, del tiempo que permanezca la espiga en contacto con el animal y de la rapidez con la que se actúe. Zonas que conviene revisar Después de pasear por zonas con hierba alta o vegetación seca, es recomendable revisar especialmente: Patas y espacios entre los dedos. Oídos. Axilas e ingles. Ojos. Nariz. Boca y zona del hocico. Pliegues cutáneos y zonas con pelo denso. Esta revisión no requiere mucho tiempo y puede ayudar a detectar una espiga antes de que cause un problema mayor. Señales de alerta Es importante contactar con el veterinario si el perro presenta alguno de estos signos: Cojera repentina o lamido insistente de una pata. Sacudidas frecuentes de cabeza. Rascado intenso de los oídos. Estornudos repetidos, especialmente si aparecen de forma brusca tras el paseo. Ojo rojo, cerrado, inflamado o con secreción. Babeo excesivo, arcadas o dificultad para tragar. Inflamación, dolor, secreción o heridas en la piel. Cambios de comportamiento asociados a molestia o dolor. Ante estos signos, no conviene esperar a ver si el problema desaparece por sí solo. La atención veterinaria temprana facilita el diagnóstico y reduce el riesgo de complicaciones. Qué hacer si encontramos una espiga Si la espiga está superficialmente adherida al pelo, puede retirarse con cuidado con los dedos o con un peine. Sin embargo, si está clavada, rota, no se ve claramente o afecta al oído, ojo, nariz, boca o una zona dolorosa, no debe intentarse extraer en casa. Manipular una espiga mal localizada puede empujarla más profundamente o agravar la lesión. En estos casos, lo adecuado es acudir al veterinario para valorar la zona y realizar la extracción de forma segura si es necesario. Medidas de prevención Para reducir el riesgo, se recomienda evitar, siempre que sea posible, las zonas con hierba alta o vegetación seca durante los meses de mayor presencia de espigas. También puede ayudar mantener recortado el pelo en zonas de riesgo, especialmente alrededor de las patas, los espacios interdigitales y los oídos, según las características de cada perro. La revisión después del paseo es una medida sencilla y eficaz. Dedicar dos minutos a comprobar patas, orejas, axilas, ingles y zonas sensibles puede evitar molestias importantes y visitas urgentes al centro veterinario. Ante la duda, consulta con tu veterinario Las espigas son un problema frecuente, pero no deben subestimarse. Si tu perro muestra dolor, cojera, sacudidas de cabeza, estornudos persistentes, molestias oculares o cualquier signo compatible, contacta con tu veterinario de confianza. La prevención comienza en casa, pero el diagnóstico y el tratamiento deben estar siempre en manos de profesionales veterinarios. Fuente: https://axoncomunicacion.net/las-espigas-en-perros-un-riesgo-frecuente/?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_term=Fri+26+Jun+2026&utm_campaign=Cambios+ecogr%C3%A1ficos+a+largo+plazo+de+la+gl%C3%A1ndula+prost%C3%A1tica+canina+tras+la+castraci%C3%B3n
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