Los mitos de salud animal que deberíamos dejar atrás, según los veterinarios

Sandra Mitchell • 7 de noviembre de 2025

A veces cuesta distinguir entre lo que ‘todo el mundo sabe’ y lo que realmente es cierto cuando hablamos de la salud de nuestros animales de familia. En redes sociales, en el parque o incluso en la sala de espera de las clínicas veterinarias, circulan creencias tan arraigadas que terminan sustituyendo a los hechos reales. Ideas como que las narices cálidas significan fiebre, que los gatos ‘castigan’ a sus humanos orinando fuera del arenero, o que los perros que comen hierba lo hacen para provocarse el vómito. Mitos de andar por casa que, aunque parezcan inofensivos, acaban afectando al bienestar de quienes dependen de nosotros.

La veterinaria Sandra Mitchell, graduada por la Universidad Estatal de Nueva York y con experiencia en medicina zoológica, casos felinos complejos y rehabilitación de fauna silvestre, ha recopilado en la plataforma virtual PetMD —la web de salud animal más visitada del mundo— los mitos más persistentes que los veterinarios desearían que dejáramos atrás. Y lo ha hecho con el objetivo claro de ayudarnos a cuidar mejor de ellos, empezando por desmontar las falsas certezas.


No ver pulgas no significa que no existan

La veterinaria explica que el 95% de las pulgas en un hogar no están sobre el animal, sino en el entorno, en forma de huevos, larvas o pupas invisibles al ojo humano. Un solo ejemplar adulto puede poner hasta dos mil huevos, de modo que ver ‘solo una pulga’ ya indica una infestación en marcha y requiere tomar medidas de inmediato.

Además, muchas desaparecen cuando el animal se acicala, por lo que su ausencia visible no es garantía de nada. El único modo de control real, recuerda la veterinaria, es mantener un tratamiento antiparasitario durante todo el año.


Los gatos no son más baratos

El mito de que los gatos son más económicos que los perros es tan común como falso. Las pruebas diagnósticas, los análisis o las radiografías cuestan lo mismo en ambas especies. Los gatos pueden requerir tratamientos igual de largos y costosos, y sus dolencias crónicas, como las renales o las endocrinas, no son precisamente menores. Según Sandra Mitchell, hasta un 35% de los titulares felinos reconocen haber subestimado el coste real de su cuidado veterinario.


No hay rencor animal: hay aburrimiento y malestar

Cuando un perro destroza el cojín del sofá o un gato orina sobre nuestra cama, no lo hace por venganza. La ciencia del comportamiento aclara que los animales no sienten rencor ni culpa en el sentido humano. Si un perro rompe cosas en ausencia de su cuidador, suele ser porque está aburrido o estresado. Si un gato evita su bandeja, puede estar comunicando un problema médico o una disconformidad con la limpieza o ubicación del arenero. La solución no pasa por el castigo, sino por comprender la causa.


Compartir comida de la mesa no es un gesto de amor

Esa costumbre de ofrecer ‘solo un trocito’ del plato puede salir cara. Su aparato digestivo no está preparado para procesar nuestras comidas ricas en grasa, sal o condimentos. La especialista en salud animal advierte de que el consumo de sobras humanas puede provocar desde trastornos digestivos hasta pancreatitis, una inflamación grave y potencialmente mortal. Si se quiere compartir algo, mejor ofrecer verduras al natural, sin aceite ni aderezos, o pollo hervido.


El pelo corto no significa menos muda (ni menos alergia)

Los animales de pelo corto o incluso sin pelo, pierden tanto como los de pelo largo, algunas razas incluso más, aunque sus pelos pasen más desapercibidos. Y en cuanto a las alergias, el problema no está en el pelo, sino en las proteínas de la saliva, que se depositan sobre el manto al lamerse. Ni recortar ni aspirar más cambia eso. La clave está en la higiene del hogar y en mantener una rutina de cepillado adaptada a cada tipo de pelaje.


Una nariz caliente no es motivo de alarma

La temperatura de la trufa refleja el entorno, no la salud. El calor ambiental, la humedad o el simple descanso pueden hacer que la nariz esté más tibia. Mientras el animal mantenga un comportamiento normal, una nariz caliente no tiene ningún valor diagnóstico. La fiebre, recuerda Sandra Mitchell, se mide con un termómetro, no con el tacto.


Dejar que laman sus heridas no ayuda

Aunque parezca instintivo o curativo, cuando un animal lame una herida introduce bacterias y retrasa la cicatrización. Las papilas de su lengua, ásperas como una lija, irritan la piel y agrandan la lesión. Muchos animales convierten un pequeño corte en una herida grave en cuestión de horas. Por eso, los nuevos sistemas de protección postcirugía, alternativos al molesto collar isabelino, no son una tortura, sino una medida necesaria para curar sin interferencias.


Comer hierba no siempre tiene un motivo

Es uno de los comportamientos más debatidos y malinterpretados. Menos del 25% de los perros vomita después de comer hierba, y solo un 10% muestra malestar previo. Los etólogos creen que comer hierba es un comportamiento normal, más ligado a la exploración y a la necesidad de fibra que a un intento de provocarse el vómito. Eso sí: hay que evitar el acceso a césped tratado con pesticidas, fertilizantes o de los márgenes de carreteras con mucho tráfico.


Ir al veterinario solo cuando están enfermos

Es quizá el mito más perjudicial. La prevención es la herramienta más poderosa de la medicina veterinaria. Las revisiones anuales (o semestrales en animales mayores de siete años) permiten detectar enfermedades en fases tempranas y evitar tratamientos más invasivos. Las vacunas, los controles de peso y las analíticas no son un trámite, sino la base de una vida larga y saludable.


Desmontar estos mitos no es un ejercicio de corrección técnica, sino un cambio de enfoque para dejar de tratar a los animales desde el instinto o la costumbre y empezar a hacerlo desde el conocimiento. En palabras de Sandra Mitchell, la buena información “además de salvar vidas, también mejora la convivencia y refuerza el vínculo entre humanos y animales”. Algo en lo que la ciencia tiene mucho más que decir que las viejas creencias.



Fuente: https://www.20minutos.es/animaleros/los-mitos-salud-animal-que-deberiamos-dejar-atras-segun-los-veterinarios_6529773_0.html?utm_campaign=boletin-informativo-7-noviembre-2025&utm_medium=email&utm_source=mail-marketing


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Con la llegada del calor, los paseos por zonas de campo, parques, cunetas o espacios con hierba alta pueden aumentar el contacto de los perros con espigas y semillas de gramíneas. Aunque a simple vista puedan parecer inofensivas, estas estructuras vegetales pueden provocar problemas importantes si se clavan en la piel, se introducen en los oídos, penetran entre los dedos o alcanzan zonas sensibles como los ojos, la nariz o la boca. Recordamos la importancia de revisar a los animales después de los paseos y de contactar con el veterinario de confianza ante cualquier signo de molestia, dolor o comportamiento anormal. ¿Por qué pueden ser peligrosas las espigas? Las espigas presentan una forma alargada y estructuras que facilitan que avancen en una sola dirección. Esto hace que, una vez adheridas al pelo o clavadas en la piel, puedan desplazarse y penetrar en los tejidos. Cuando no se detectan a tiempo, pueden provocar inflamación, dolor, infecciones, abscesos o lesiones más profundas. El riesgo dependerá de la zona afectada, del tiempo que permanezca la espiga en contacto con el animal y de la rapidez con la que se actúe. Zonas que conviene revisar Después de pasear por zonas con hierba alta o vegetación seca, es recomendable revisar especialmente: Patas y espacios entre los dedos. Oídos. Axilas e ingles. Ojos. Nariz. Boca y zona del hocico. Pliegues cutáneos y zonas con pelo denso. Esta revisión no requiere mucho tiempo y puede ayudar a detectar una espiga antes de que cause un problema mayor. Señales de alerta Es importante contactar con el veterinario si el perro presenta alguno de estos signos: Cojera repentina o lamido insistente de una pata. Sacudidas frecuentes de cabeza. Rascado intenso de los oídos. Estornudos repetidos, especialmente si aparecen de forma brusca tras el paseo. Ojo rojo, cerrado, inflamado o con secreción. Babeo excesivo, arcadas o dificultad para tragar. Inflamación, dolor, secreción o heridas en la piel. Cambios de comportamiento asociados a molestia o dolor. Ante estos signos, no conviene esperar a ver si el problema desaparece por sí solo. La atención veterinaria temprana facilita el diagnóstico y reduce el riesgo de complicaciones. Qué hacer si encontramos una espiga Si la espiga está superficialmente adherida al pelo, puede retirarse con cuidado con los dedos o con un peine. Sin embargo, si está clavada, rota, no se ve claramente o afecta al oído, ojo, nariz, boca o una zona dolorosa, no debe intentarse extraer en casa. Manipular una espiga mal localizada puede empujarla más profundamente o agravar la lesión. En estos casos, lo adecuado es acudir al veterinario para valorar la zona y realizar la extracción de forma segura si es necesario. Medidas de prevención Para reducir el riesgo, se recomienda evitar, siempre que sea posible, las zonas con hierba alta o vegetación seca durante los meses de mayor presencia de espigas. También puede ayudar mantener recortado el pelo en zonas de riesgo, especialmente alrededor de las patas, los espacios interdigitales y los oídos, según las características de cada perro. La revisión después del paseo es una medida sencilla y eficaz. Dedicar dos minutos a comprobar patas, orejas, axilas, ingles y zonas sensibles puede evitar molestias importantes y visitas urgentes al centro veterinario. Ante la duda, consulta con tu veterinario Las espigas son un problema frecuente, pero no deben subestimarse. Si tu perro muestra dolor, cojera, sacudidas de cabeza, estornudos persistentes, molestias oculares o cualquier signo compatible, contacta con tu veterinario de confianza. La prevención comienza en casa, pero el diagnóstico y el tratamiento deben estar siempre en manos de profesionales veterinarios. Fuente: https://axoncomunicacion.net/las-espigas-en-perros-un-riesgo-frecuente/?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_term=Fri+26+Jun+2026&utm_campaign=Cambios+ecogr%C3%A1ficos+a+largo+plazo+de+la+gl%C3%A1ndula+prost%C3%A1tica+canina+tras+la+castraci%C3%B3n
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